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Galicia vuelve a ser la primera potencia naval de España tras cinco años críticos

El naval es un sector cíclico e inestable por naturaleza, y lo es todavía más en Galicia, en donde hacía más de cinco años que no se daba un pico de actividad como el registrado durante la primera mitad del 2017. Los astilleros privados y públicos de la comunidad llevan meses dando señales de recuperación, algo que se ha podido constatar en la capacidad de incorporar nueva carga de trabajo. Prueba de ello es que en el primer semestre del año se han apuntado 8 de los 17 contratos de nuevos buques firmados en España (otros 6 se fueron a Asturias y los 3 restantes, al País Vasco). Tanto Pymar, la agrupación de pequeños y medianos astilleros privados españoles, como Aclunaga, el clúster gallego del naval, se felicitaron recientemente por el liderazgo de Galicia en nuevas contrataciones de barcos. Pero el balance semestral que acaba de hacer el Ministerio de Industria va más allá, y constata que Galicia no solo repunta en su capacidad de ganar pedidos de grandes armadores, sino que es en estos momentos el gran motor del sector en España, al concentrar el 38 % de la actividad. Por número de contratos , sí. Pero también por volumen (los mayores barcos), por la cartera de pedidos acumulada (25 buques de un total de 60 firmados hasta el 2020); y por el nivel de ocupación de los astilleros, ya que todos tienen carga de trabajo firmada o en construcción. La última vez que la comunidad lideró la actividad del sector en España fue en el 2012, al año siguiente a la crisis del tax lease (expediente de la Comisión Europea abierto en septiembre del 2011 a los astilleros españoles por ayudas de Estado). Recuperación con secuelas A partir de ese momento, el sector fue apartado del mercado, al no poder ofrecer ningún tipo de bonificación a los armadores (sí lo hacían el resto de los socios europeos), y los astilleros se sumieron en una profunda crisis, que acabó con la venta de los dos mayores constructores privados: Hijos de J. Barreras, del que Pemex compró el 51 % de las acciones por solo 5 millones de euros, y Metalships&Docks, del grupo Rodman, adquirido por China Sonangol por una suma nunca hecha oficial que rondaría los 80 millones (incluidas las divisiones Polyships y Rodman Lusitania). Costó salir, pero el informe semestral de Industria confirma que, por primera vez desde el 2012, la actividad del sector naval gallego supera a la registrada en Asturias (el 27 %, por la fuerte cartera de pedidos de Armón), y en el País Vasco (el 24 %, liderado por el grupo Zamakona). Les sigue, muy de lejos, Andalucía. Con la paz social garantizada, tras la firma reciente de los convenios del metal, el sector naval vuelve a sentirse fuerte, aunque sin euforias. «Es hora de valorar y reconocer la capacidad que han demostrado astilleros e industria marítima gallega para superar los años de grandes dificultades y seguir compitiendo en el mercado internacional al máximo nivel», dice el presidente de Aclunaga, Marco Freire. Asime, la patronal gallega del metal, también se muestra cauta, pero confiada. «Ahora mismo no estamos por encima del 40 % de que representábamos en el sector en el 2008 o el 2009, aunque confiamos en que se cierren nuevos contratos este año», afirma el secretario general, Enrique Mallón. Objetivo: más cruceros Dice Pymar que la clave será la capacidad de adaptación de los astilleros a los nichos de mercado que cuentan con una mayor demanda, como son los buques de pasaje, los oceanográficos, y determinados pesqueros dotados de un alto contenido tecnológico. La gran novedad y la gran esperanza es el último contrato firmado por Hijos de J. Barreras para la construcción de un crucero para Ritz-Carlton, por valor de 240 millones de euros. Es un hito en el naval gallego, que supondrá la entrada en un segmento nuevo, el de los buques de crucero de lujo. Navantia solo cerró este año un pequeño pedido de eólica marina, pero arrancó dos importantes obras en Ferrolterra En blanco en cuanto a contratación. Los astilleros públicos españoles no lograron este año ningún pedido para la construcción de buques y solo un nuevo encargo para la fabricación de componentes para la eólica marina. Sin embargo, como consecuencia de los trabajados encomendados durante el pasado ejercicio, el pasado mes de junio supuso para la empresa el arranque en la construcción de dos importantes programas para las factorías de Navantia en la ría ferrolana: la fabricación del primero de los dos buques logísticos para la Armada de Australia y la ejecución de las 42 jackets -estructuras que sustentan los aerogeneradores en la mar- para Iberdrola. Vienen a sumarse a otras cuatro pequeñas cimentaciones que también se fabrican en la antigua Astano para Siemens (firmadas en enero) y al buque de acción marítima (BAM) para la Marina española que está previsto que se bote el próximo mes en Ferrol. En materia de nuevas contrataciones, Navantia tiene el foco puesto en Arabia Saudí y Australia. En el primero de los casos, espera desde hace un año y medio la firma de un contrato para la construcción de cinco corbetas, que se repartirían entre el astillero de San Fernando (Cádiz) y los de la ría ferrolana. El encargo está valorado en 2.000 millones de euros y supondría siete millones de horas de trabajo. La firma alcanzó un acuerdo para la fabricación de los barcos con la familia real saudí el pasado año, pero sigue sin procederse a la rúbrica del contrato. El reciente viaje al país del presidente americano, Donald Trump, que se saldó con un pacto de compra multimillonario a la industria de defensa de los Estados Unidos, ha generado muchos recelos, aunque Navantia no ha dejado de insistir en sus buenas expectativas y su confianza en que en breve se produzca la firma del pedido. Por otro lado, hace solo unos días que la empresa ha presentado su oferta al concurso de la Armada australiana para la construcción en ese país de nueve fragatas, contrato que se disputa con la italiana Fincantieri y la británica BAE Systems. El país de las antípodas adjudicará el encargo a principios del próximo año. Fuente: Lavozdegalicia