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Arcelor inicia los trabajos para arrancar el horno alto lastrada por los problemas en baterías y sínter

Los retrasos en las inversiones obligarán a la multinacional a aumentar la importación de cok polaco y de pellets, lo que reduce su competitividad.

El arranque del horno alto 'A' de Gijón, anunciado por Arcelor la semana pasada ante las obras que acometerá en uno belga, es una buena noticia para las instalaciones asturianas, pero la incertidumbre que sobrevuela el encendido es tanta que resulta imposible echar las campanas al vuelo. Los trabajos para reactivar la instalación, parada el pasado mes de abril , ya han comenzado en la factoría gijonesa. Sin embargo, la competitividad de la producción asturiana deja mucho que desear a ojos de la dirección del grupo, a la que no le salen las cuentas, de ahí que se hable de un arranque temporal.

Las plantas de la region llevan desde el año pasado en números rojos y la pandemia las ha cogido sin los deberes hechos, lo que supone un importante lastre para este encendido, marcado por la falta de demanda de sectores fundamentales, como el del automóvil. Esta caída en los pedidos es el principal problema al que se enfrentan las factorías, pero no el único. Con las baterías de cok de Avilés ya cerradas y las de Gijón inacabadas no hay suficiente cok para abastecer los dos hornos altos. La batería número 2 se espera que pueda entrar en funcionamiento a principios de enero, pero los retrasos acumulados no dan demasiada confianza sobre el nuevo calendario, y la 1 no funciona aún a plena capacidad. De hecho, incluso con un único horno encendido, se ha venido importando cok de la factoría polaca de Zallady Koksowncze Zdzieszowice. Ahora las toneladas que llegan por barco a Asturias tendrán que incrementarse para abastecer los dos hornos altos. Y eso que no estarán al 100%. Se calcula que su actividad, dependiendo de la demanda, podría rondar el 70%.

Además, centenares de válvulas que se instalaron en la primera batería impiden reutilizar el gas de cok que genera, que está previsto que se reaproveche para calentar los hornos altos y también para alimentar el tren de chapa gruesa y el de carril, lo que permitiría importantes ahorros, además de potenciar la economía circular. Ahora, sin embargo, se quema en una antorcha que es visible desde muchos puntos de la ciudad.

Pero este no es el único freno que dificulta la actividad de las plantas asturianas. Uno de los dos sínter –donde se mezclan y tratan el mineral de hierro, el cok y los materiales fundentes antes de introducirlos en el horno alto– está parado. Los problemas con las subcontratas que iban a instalar un filtro de mangas, necesario para cumplir con la normativa ambiental, están en vías de solución, pero esta no ha llegado aún y la obra no se ha ejecutado. Ante este panorama, Arcelor también importa pellets que sustituyan su producción y, con ello, se vuelve a mermar la rentabilidad de las plantas asturianas.

El objetivo es que de aquí a fin de año, con la reactivación de las inversiones, todos estos problemas puedan solucionarse, pero mientras esto sucede la cabecera asturiana funciona con un pesado lastre.

 

Pese a ello, la fortaleza del euro y el precio comedido de las materias primas están sirviendo de colchón para no inflar en demasía los costes en Asturias y permitir mantener la actividad.

Fuente: www.elcomercio.es